Estaba en un momento muy confuso con mi pareja y el asesoramiento de Vega me dio la claridad que necesitaba. Todo lo que salió en las cartas se fue cumpliendo. Repetiré seguro.
Antes de contarte lo que hago, deja que te cuente quién soy. Porque vas a compartir conmigo cosas íntimas, y eso merece que primero me conozcas tú a mí.
Vega · Tarotista de tercera generación
Soy la tercera generación de una familia de mujeres que leen el tarot. Mi abuela Carmen echaba las cartas a las vecinas en la cocina, con la cafetera al fuego y la radio de fondo. Yo tenía siete años y mi trabajo era barajar. Ahí aprendí lo más importante que sé: la gente no viene a que le adivinen el futuro. Viene a que la escuchen y le den un poco de luz.
Después llegaron los años de estudio en serio — el Rider-Waite, el Marsella, la astrología, la numerología — y más de 3.200 consultas que me han enseñado que detrás de cada pregunta hay una persona que solo quiere dejar de dar vueltas y dormir tranquila.
Cuando no estoy con las cartas, me encontrarás cuidando mis plantas (hablo con ellas, sí), apuntando fases lunares en una libreta que ya va por el tomo doce, y tomando café con mi madre — segunda generación — que todavía me corrige alguna tirada.
Para que sepas exactamente con quién hablas antes de escribirme.
Jamás te diré que tienes "un mal muy grande" que solo yo puedo quitar por un precio. Quien haga eso, huye: el miedo es el negocio de los estafadores, no del tarot.
El tarot muestra energías y tendencias, no sentencias. La última palabra sobre tu vida siempre es tuya. Yo te doy el mapa; el camino lo eliges tú.
Si lo que te pasa necesita un médico o un psicólogo, te lo diré con el mismo cariño con que leo tus cartas. Acompaño, no sustituyo. Por eso llevo 10 años y la gente vuelve.
Estaba en un momento muy confuso con mi pareja y el asesoramiento de Vega me dio la claridad que necesitaba. Todo lo que salió en las cartas se fue cumpliendo. Repetiré seguro.
Lo que más me gustó es que no me doró la píldora: me dijo lo que había, con cariño pero sin cuentos. Salí de la sesión con las ideas clarísimas.
El ritual de abundancia me lo preparó con todo detalle: velas, fechas de luna, oraciones... A las tres semanas me llamaron para el trabajo que quería. Gracias de corazón.
El estudio numerológico me dejó sin palabras: describía mi forma de ser mejor que yo misma. Ahora entiendo por qué ciertos años de mi vida fueron como fueron.
Escéptico total hasta que mi mujer me regaló una sesión. No sé cómo explicarlo, pero salí con las ideas mucho más claras sobre el cambio de trabajo. Recomendable.
Le escribí por Telegram a las tantas, hecha polvo por una ruptura. Me contestó con una dulzura que no olvidaré. La sesión después fue un antes y un después.
Una tirada automática te da una pista. Una consulta privada te da un mapa completo: tú preguntas, las cartas responden y yo te lo interpreto en persona.